A Pau

La amargura que define a Estambul y que toda su vida ha combatido para terminar asumiendo, Pamuk la coloca junto a dos preguntas: ¿Qué significa que yo haya nacido en tal fecha en tal rincón del mundo? ¿Han sido una elección justa esta familia, este país y esta ciudad que se nos ha otorgado?

Ni Puerto Ordaz es Estambul ni yo pretendo ganarme el Nobel, pero resulta que estoy de visita en Guayana y acabo de ir al cine. También he conocido a un niño de apenas dos meses y es a él, o a través de él, que quiero plantearme estas preguntas.

Las mismas dos preguntas: ¿Qué significa? ¿Ha sido?

La película que vi en el cine es Batman, el caballero de la noche. En Puerto Ordaz no hay noche, el sol es omnipresente. Si no hay noche, no hay Batman, pienso, aunque puede haber Harvey dos caras. Harvey dos caras asegura que el mundo es cruel y que la única moralidad en un mundo cruel es el azar. Que el azar es justo. Me dirán que sin Batman tampoco podría existir Harvey dos caras y quizá tengan razón, pero ese no es el asunto que quiero tratar.

Pamuk escribe que al igual que ocurre con nuestras vidas, la mayor parte de las veces es por otros por quienes nos enteramos del significado de la ciudad en la que vivimos. Estas fotografías, entonces, aparecen no como ráfagas, que es una idea repetida o fastidiosa, sino como lo que son, una sucesión de instantáneas que me aproximan con fortuna a ambas respuestas, y que a mí me gusta imaginar como una película vieja que se mira desde el futuro.

















Por cierto, el Minerven goléo 3 a 0.