He visto a alguien amarme con todo lo que había al alcance, incluyendo el miedo. Soy testigo de entregas y también de aprender a callar cuando el otro no tiene razón. Es una medida eficaz para comenzar nuevas discusiones y nuevos abrazos. También estuve presente todas las veces que me vigilaron el sueño. No puedo probarlo, pero sé que con cada mirada mi corazón se hizo más fuerte. Participé en competencias, trabajé mucho y fui a fiestas. Besé a mujeres como tú y recibí algunos premios. Me fajé a trompadas, tuve que correr, y antes abrí regalos bajo un árbol artificial de navidad como un niño inocente y tierno. Lloré unas tres o cuatro veces por año, todavía me emborracho con facilidad, me aburro sistemáticamente y no dejo de estudiar a amigos de amigos de otros amigos: he sacado muy pocas conclusiones, lo que tampoco quiere decir que con eso haya acertado en algo. Soy el autor anónimo de unos poemas vergonzosos y el culpable de que haya personas que te quieran sin que todavía las conozcas. Poco más. Me refiero a que no me sobran las certezas, pero creo firmemente que todas las veces que no pienso en tus piernas, en tus brazos, y en cómo será tu pecho cuando se hinche y se desinfle, pierdo el tiempo de forma vil e insensata. Quiero que sepas, nena, que cuando conocí a cierta persona que ya verás, supe que tú podías existir y que eso le daría un vuelco a mi vida. No me frené, al contrario: seguí adelante confiado y pese a los tropiezos propios y ajenos, he llegado hasta aquí. Tengo más de un año pensando en ti, escribiéndote cartas a escondidas, viajando para contarte que soy un tipo que no se detiene en parámetros formales de oficina y coleccionando cuentos que, de seguro, no serán de tu interés. Quiero que me veas atractivo, arriesgado, cómodo y contento. Quiero que me quieras, que nos queramos y que sumemos en esta peña a cierta persona que ya verás. Cuando la veo a ella, te imagino. Cada vena de tu hermoso y frágil cuerpo es un estímulo para mi vida. Créeme, a pocas semanas de verte, necesito escribir que estoy excitado. Tu grito al verme será una extensión de mi sentido en este lugar, y en este momento. Después podrás cerrar los ojos y abrazarme hasta quedarte dormida. Al menos un ratito. Yo dejaré que me protejas con ese escudo invisible que traes, que me envuelvas con tu aroma a mujer dulce, que me enseñes a amar con todo lo que tenemos al alcance. Mientras todo esto comienza, nena, al lado de cierta persona que ya verás, amamantándote.

Tu padre, que espera emocionado.