Me juego la de analista deportivo

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º º º

El chavismo, bien uniformado y con gastos exorbitantes –nómina, traslados, una maquinaria lujosa para sus relaciones públicas y aquél delantero estrella que, pese a lo gordito, atraviesa altivo y sin decoro cualquier defensa– derrotó 6 a 5 al grupo de juveniles universitarios, un equipo que juega raro, que retrocede la pelota, que suele llenar las gradas con pancartas de colores que cargan sus madres y compañeros de estudios. 

Por supuesto, como en todo enfrentamiento de este tipo, nunca falta quienes le echen la culpa al árbitro, pero no es de extrañar el resultado, aunque ambas fanaticadas estén ahora que no se lo crean. La tropa del chavismo suele armar las mismas jugadas en cada partido desde hace tres o cuatro temporadas, y sus contrincantes, al contragolpe, siempre buscan sorprender la meta rival con la velocidad de sus punteros, unos jugadores que diez o veinte años atrás pudiesen haber pertenecido a la élite del fútbol nacional, pero que ahora, tal como están las cosas, no pasan de ser la opción menos mala en los mercados de verano e invierno. Esto, por supuesto, no les deja otra opción que esperar a ver lo que logran las promesas de la cantera, unos jóvenes que en esta última batalla vieron más minutos de juego, algunos, incluso, como titulares indiscutidos en el nuevo esquema.

 

Me arriesgo a otras lecturas_

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Electoral: La oposición estrechó sus diferencias con respecto a Chavez, pero perdió en una confrontación inédita, la que le preguntaba a la gente –artimañazas más, artimañas menos, todo el mundo sabía lo que quería decir la fulana pregunta y nadie leyó esa vaina frente a la máquina de votación– si quería a Chávez como candidato en las elecciones del 2013.

Política: La mayoría de los votantes en Venezuela quiere a Chávez. Pero esa misma mayoría eligió anquilosar nuestro sistema profundamente burocrático. ¿No es esa la expresión más fiel de una democracia que confía más en los funcionarios que en las gestiones comunitarias y las iniciativas de los movimientos sociales al margen del poder político?


Recuerdo el lugar común_

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Antes de las elecciones: “le hago un llamado a los sectores adversos, que insisten en desestabilizar el orden, el equilibrio natural de nuestra calma y profunda convicción pacífica, a que respeten y digan en alto, a voz de cuello, que ellos son los malos y nosotros somos los mejores”.


Después de las elecciones: “este es un pueblo pacífico, hay que felicitarlo por su heroica demostración de civismo”.

 

Disfrazo de reflexión un capricho, las cifras como quiero verlas:

Chávez ganó en 19 regiones y perdió en 5.

Con respecto a la reforma, votada a finales de 2007, cuando perdió, creció casi cinco puntos y reconquistó Anzoátegui, Lara, Carabobo y Distrito Capital. Pero sigue perdiendo en los estados donde hay más habitantes y electores: Zulia y Miranda, y en el fronterizo estado Táchira.

Con respecto a las últimas elecciones regionales, en las cuales se elegían a los alcaldes y gobernadores que ahora podrán postularse cuantas veces sean capaces de ganar, la oposición subió 850 mil votos, mientras que el chavismo sólo logró subir unos 550 mil.

Nueve puntos son nueve puntos, pero todos sabemos que este país sigue picado en 3. O en 4, a saber:

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Alrededor de 10 millones de personas que no pueden votar.

Alrededor de 6 millones que sí pueden, pero no lo hacen.

Alrededor de 6 millones que lo hacen por Chávez.

Alrededor de 5 millones que prefieren votar en su contra.


El detalle está en que los dos grupos de abajo se creen más importantes e insisten en negar al resto, mientras se acusan entre sí. El problema: que de allí salen los gobernantes que después se postulan.

Finalmente, pido un deseo (porque a veces, por más decadente, noctámbulo o irresponsable que uno sea, también se sueña, casi siempre con ingenuidad):

Que esa gente que tiene el poder de construir viviendas y crear planes para reducir la violencia, la delincuencia, la corrupción y la impunidad, se ponga a trabajar y lo haga bien.

Ja, sí, ya me captaron: estaba siendo irónico. Chao, nos vemos en las próximas elecciones.