(O de cómo los pordioseros son más stylish que Dior)

Por Daniel D’Armas / Fotografía: Claudio Napolitano
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Caminas bajo un cielo gris y lluvioso durante una feria de diseño. Entras y sales de diferentes galerías expositivas y, si bien te sientes miserable, observas que entre los charcos de agua hay otros tantos que todavía se ven bien, son espectaculares, y aparentan no tener problemas contra la adversidad climática que te está consumiendo. Visten con libertad fuera de las exigencias del mundillo snob que les rodea y juegan como si fuesen parte de aquella escena de Singin’ in the Rain. Piensas en Jean Valjean y cómo en el imaginario común, este personaje ficticio de la baja calaña francesa se ha convertido en una especie de icono de la moda. Él y sus amigos miserables que rondaban la Paris imperial: el pobre Gavroche y su muy trendy bandana en la cabeza que usa hasta morir de un disparo, de Cosette que de niña pordiosera pasa a monjita pija enamorada de un aristócrata vestida en sedas.
También piensas en John Galliano nombrando su colección de graduación Les Incroyables basado en look pordiosero y la obra de Victor Hugo, la imagen del clochard que se repite una y otra vez y que el mismo diseñador retoma de cuando en cuando para sí mismo y sus colecciones masculinas. Imaginas el estilo de Oliver Twist (pobre niño, cuánta injusticia del mundo sobre él) y cómo ese look de los zapatos rotos con los que caminó nosecuántas millas, tirantes, pantaloncillos bajo la rodilla y el gorro de vendedor de periódico se revisita muy a menudo y con un precio exorbitante por los diseñadores de ropa masculina.
Mientras la mayoría de las personas viven prisioneras de las tendencias rígidas y el total look, los vagabundos (y algunos pocos disidentes y verdaderos vanguardistas de la moda) tienen la libertad de experimentar y crear un estilo propio con los pocos recursos al alcance, una gran dosis de descaro y de nonchalance frente a la indumentaria. Es en ellos, en muchos casos, donde vive la verdadera moda y quienes imponen las tendencias porque, sin temor alguno, se arriesgan a tomar los elementos que tienen a la mano y crear lo que según su punto de vista (educado o no) y un buen tanto de las condiciones climáticas que se le presentan, es la manera correcta de enfrentar la calle, el verdadero campo de batalla del saber vestir.
Ellos son una parte de la sociedad (marginada) que, como señalaba Herbert Humber, interactúan simbólicamente e interpretan o definen el comportamiento (en este caso, la vestimenta) de otros para adaptarlas a sus propias exigencias. De esta manera y “sin querer queriendo” con su pastiche de ropa encontrada en un basurero, regalada por un alma caritativa o, mejor, robada, se convierten en puntos de inspiración de la moda, en los estilistas de los estilistas y en muchos casos son la influencia de cómo vestirá el resto.
Si bien por muchos años fueron las grandes maisons de haute couture las que definían cuál era el estilo, la necesidad de cubrirse siempre ha sido el punto referencial para la creación de moda, un tanto durante el siglo pasado y probablemente aun más durante el que viviremos. ¿Qué sería de la historia de la moda sin Mademoiselle Chanel? Esta mujer que viniendo de la miseria de la orfandad aprendió cómo hacer de ella misma un mito, con su look pauvre compuesto de cardigan, falda, camisa y zapatos bajos que exportó a centenas de imitadoras. Fue ella quien tomó un rústico textil usado solo para ropa interior masculina como el jersey, y lo convirtió en un taller que es la prenda básica de la mujer burguesa de hoy día. Fue ella quien tomó el deprimentísimo vestido negro del convento hasta elevarlo a la categoría de objeto esencial del guardarropa femenino y quien logró mezclar, como hacen los pordioseros, las prendas olvidadas y prestadas (en este caso, por sus amantes) y con un poco de creatividad apropiarse de ellas y convertirse en el símbolo del estilo de los años 20. Todo de la carencia y de su experiencia, la falta de tejidos durante la guerra, sus más profundos recuerdos de esa pobre infancia, o su necesidad creativa de ser diferente y enfrentarse a un mundo que la rechazaba, para convertirlo en lo que hoy son los epítomes del lujo y del mainstream fashionista.
¿Un poco de efecto bubble-up quizás? Según esta teoría los jóvenes y las “subculturas” (¿existe alguna aun?) son uno de los motores que proporcionan las nuevas ideas que se verán plasmadas en las pasarelas y se convertirán en las tendencias a seguir. Algo así como un efecto imitación del estilo de los bajos estratos que sube a las altas esferas para convertirse en elementos clásicos en el complejísimo sistema de la moda. Puede comprobarse tan solo con ir al closet y revisar los vaqueros con efecto deshilachado de Dolce & Gabanna, los zapatos aparentemente destrozados por las penurias del tiempo de Martin Margiela (a 700 dólares el par) y el cardigan de abuelita de motivos “vintage” de Marc Jacobs. Ciertamente, esta teoría se cumple un poco, para no decir muchísimo, pero la verdad es que hoy día todos los que sienten pasión por la moda (fashion addicts, que no fashion victims) lo hacen de alguna u otra manera como mendigos y pordioseros. Es mejor y más divertido escarbar entre las diferentes opciones que ofrece el mercado que vivir bajo el yugo de los dictámenes de una tendencia producto en la mayoría de los casos de nuestra propia imagen.
En estos momentos se ofrece la opción de la libertad a la hora de vestirse, la sociedad occidental no obliga a seguir ciertas reglas sino que ofrece una miríada de opciones o estilos disponibles (como diferentes contenedores de basura donde encontrar ropa) y que bien sea con la necesidad de vestirse o de lanzarse a la experiencia del consumismo, permiten explorar la individualidad y la diferenciación de los otros como en muchos casos hacen los mendigos, pordioseros y desamparados. Como ellos, se puede desarrollar un estilo propio de este azaroso pero a la vez concienzudo pick up de vestimenta y accesorios para, como lo hacen ellos o como lo hizo Chanel, convertirse en las personas con más estilo que pueden existir.
2 Comments
1 Hlexcfyr Escribió:
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2 mon cear Escribió:
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