Por Jesús Torrivilla

 

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Esta no es una premier normal. La película comienza a las siete de la noche y desde las diez de la mañana ya hay gente esperando. Mientras pasan las horas cada vez se acercan más personas. Llevan camisas blancas con corbatas de rayas y no vienen de la oficina. Son chamos y cargan bolsas. Los nervios parecen acelerar sus movimientos y activar su sudoración. Caras grasientas, oleaginosas, sonrisas que tienen igual dosis de inocencia y viscosidad dominan el ambiente. El maquillaje de algunos disimula todo esto. De las bolsas sacan capas, varitas de madera o de plástico con mangos de teipe. Unos tienen aspecto tétrico, vampiresco, otros simplemente aguardan con sus túnicas y semblante adusto, como quien espera que lo ingresen al salón de clases para la prueba de admisión a la universidad. Abundan los ojos torneados, los gestos dramáticos y las muecas tontas. Sacan cámaras, posan y se toman fotos, haciéndoles caso omiso a los ocupados transeúntes del Unicentro el Marqués un miércoles por la tarde, día del estreno mundial de Harry Potter y el Misterio del Príncipe.

–Queremos que nos tomen en serio –me dice Pedro Muñoz y su rostro se pasa de la determinación al hastío. Definitivamente no es la primera vez que esto cruza por su cabeza. Él es el coordinador de eventos del Círculo de Lectores de Harry Potter Venezuela, es decir, fue quien organizó todos los pormenores relativos al estreno de la película.

No hablé con él sino un par de días después de toda la vorágine del príncipe misterioso. Sin embargo, en el Unicentro el Marqués ya había llamado mi atención, carnet de identificación al pecho y maneras de organizador mediante. Era uno de los más preocupados, se le podía ver posando entre varios grupos, tomándose fotos por aquí y por allá, sin abrir demasiado los ojos. Cazadora negra, cabello siempre despeinado. Le debe mucho al círculo, me cuenta. Estudia letras en la UCV y le pareció que la adaptación es una de las mejores: “Respeta mucho la complejidad emocional de los personajes. Harry ya no es un niño con una varita que hace milagros, es alguien con problemas. Además, estéticamente es bellísima, cuidan mucho los detalles: es barroca. Salí agotado de la película.”

Tienen dos semanas sin tregua. Reservaron una sala entera para el Círculo. Después de una pre-venta inicial, y la respectiva compra de las entradas en el cine, organizaron un evento de canje para entregar los boletos. Estuvieron en la librería El Buscón y en la Plaza Cubierta de la UCV. Allí, mientras sonaba el soundtrack de la película, a cada persona le entregaron su entrada dentro de un díptico cuidadosamente diseñado, para después despedirlos con una foto. A los integrantes de la Fundación Círculo de lectores Harry Potter Venezuela les gusta sorprenderse entre ellos. Para sorprender a los demás, en cambio, no necesitan hacer ningún esfuerzo ya que provocan desde el más puro estupor, pasando por la burla, hasta, incluso, cierta fascinación antropológica.

El día del estreno el cielo encapotado amenaza la entereza de los fans. Caen un par de gotas, pero ellos no cesan en su euforia. Son un cuerpo extraño que brota del Unicentro como una alergia freak, desentendida. Mientras pasa la tarde, los personajes comienzan a tomar forma: mortífagos, jugadores de Quiditch, y algunos que simplemente parecían colegiales ingleses, ya poblaban considerablemente las inmediaciones de la entrada del cine. Teniendo un conocimiento básico de la saga, mediante las corbatas que vestían se podía inferir la Casa a la que pertenece cada uno. Rayas por doquier: amarillas y rojas, Griffindor; verdes y negras, Slytherin; dorado y negro, Hufflepuf; plateado y azul, Ravenclaw.

De entre todos, aquí los transeúntes del centro comercial son los que se van transformando en los raros, en los indolentes. Como si ignoraran con alevosía un hecho histórico, como si se hicieran de lado ante un prodigio. De lejos, una chica altísima de peluca morada llama la atención. Viste de túnica, su nombre es Migyuri Puertas y es mi contacto con el microcosmos de Potter en Caracas. Trabaja en la coordinación de Prensa del Círculo y el personaje que representa es el de Nymphadora Tonks, integrante de la Orden del Fénix, especie de ejército que se formó para enfrentar a un Voldermort ponzoñoso y resucitado. Es muy profesional, aunque su cabello postizo engañe de buenas a primeras: varios emails mediante, me pregunta por el tono de las preguntas que quería realizar, el tipo de texto, para qué medio; después me pidió el feedback de las entrevistas que realicé, cómo me sentí. Por ahora, me presenta a Soleil Contreras, su “superior directa”.

Entro en el juego. Poco a poco me van revelando los intrincados tentáculos de una organización que crece solapada detrás del velo respingón de una capa de mago. Acaba de terminar la 8va temporada del Ejército de Dumbledore, me cuenta. Así denominan al evento en el cual se reúnen durante 8 sábados a emular las actividades de Hogwarts, la escuela de magia a la que asisten Potter y sus amigos. Durante la mañana ven clases y por las tardes practican Quiditch; también hacen mucho teatro. Todo dentro de la competencia entres las distintas Casas que integran. Esto me lo cuenta como abrebocas de lo que más tarde descubriría como una simulación perfecta de los libros, un verdadero acto taumatúrgico en pleno Parque del Este, sede de todo esto. Soleil es parca y luce atareada. Sus amigos le hacen señas. Le pregunto si me puede presentar a otras personas del círculo. Conozco entonces a Melany Moncada.

Melany viste de corbata y suéter gris. Tiene unos ojos inmensos, de sorpresa constante. Trabaja en la Comisión de Eventos junto con otras 18 personas. Pasa rápidamente de los datos duros, de las 183 entradas vendidas para ese día, de las seis comisiones que integran la Fundación (sí, han crecido a una velocidad vertiginosa y ahora sus actividades serias vienen respaldadas por ese apellido), a su relación personal con la obra de J.K. Rowling. Cuando llega el momento de contarme cómo conoció los libros, hace una pausa y suspira, sabe que va a revolver en el cajón de los recuerdos entrañables: sucedió cuando estaba sentada en la azotea de su casa, tenía ocho años. Escuchaba la radio con sus vecinas y de pronto comenzaron a hablar de Harry Potter. Allí pensó que le gustaría leer las aventuras del mago huérfano. Ese era el día de su cumpleaños y -¡sorpresa!- su tía le regaló La piedra filosofal, y aquí el nombre del libro nos da un trancazo de literalidad. Ahora tiene 16 años y Harry Potter le ha regalado una familia: la Fundación.

No sabe dónde está, me confiesa. Vive en Montalbán y tuvo que recurrir a su madre para que le dijera cómo llegar a El Marqués. “Melany, por el metro”. Está estresada porque quiere que todo salga bien, pero sabe que ningún fan la va a decepcionar. Los de las comisiones, además, tienen todos los detalles cubiertos. Por orden de llegada les asignan a cada quien un brazalete con un número y -siguiendo esa norma- se colocan en fila para después ser llamados a pasar al cine en grupos de 25.

El tiempo de espera y el calor húmedo del cielo encapotado de un agosto caraqueño era el sacrificio necesario. Melany se despide de mí diciéndome que es fanática del Quiditch. ¿Cómo lo juegan? Pues es una especie de balón mano, pero con una pelota extra con la cual puedes sacar a los jugadores: la Bludger. Ah, la Bludger. Sí, Snitch no tenemos, porque la comisión de Quiditch no ha encontrado la forma de incorporar al mundo Muggle –humano, eh– a esa pequeña pelotita amarilla que, una vez encontrada, determina el fin del partido.

Fascinado con la candidez de Melany, una sentencia queda, a medio camino entre el grito y la burla entre panas, rompe el embelesamiento:

–¿Sabían qué? ¡En esta película Michael Jackson hace el papel de Voldemort!

El personaje que espeta esto es un re-contra lugar común que opaca todo lo que vengo describiendo, todos los rituales de los fanáticos. Ahora, de verdad, me encuentro con el adolescente paradigmático, el díscolo, salmón con gorra hip hopera y pantalones caídos. Todo se amontona en él: la niñez perdida, el desequilibrio hormonal, la necesidad de pertenecer a un grupo. Lo canaliza, claro, de otra manera.

–Son demasiado mongólicos –le dice a un amiguito de piercing en la boca y burka al cuello, mientras se pasan una botella de ron disfrazada con una bolsa de supermercado –¿Qué van a hacer? ¿Lanzarme un hechizo?

–Nosotros estamos acostumbrados a los insultos –les responde, me responde unos días después Andreína Croce, coordinadora del Grupo de Artes Escénicas de la Fundación –Al estreno, conmigo fue una compañera de la universidad que más bien se burla de lo que hacemos. Que si somos gafos. Pero cuando le dije que íbamos a empezar la compra de entradas me suplicó: “¿puedo ir con ustedes?”

Conversé con Andreína y Pedro el mismo día en una concurrida panadería de Las Mercedes. La Fundación Círculo de Lectores de Harry Potter Venezuela tiene de todo y sueña con una sede propia. Juntos forman un grupo que se reúne a hablar de magia en una ciudad filicida. Son amantes de la lectura y de su poder transformador. Tienen un sistema de préstamo de libros entre los más de 200 miembros, una especie de biblioteca itinerante. Redactan también El Profeta, un periódico interno en el cual mezclan las noticias de sus actividades con el tubazo de un basilisco que se escapó en esa ciudad muggle de los Estados Unidos llamada San Francisco. Hacen teatro: montaron en el Escena 8 la obra Hogwarts 6 años de magia. Tienen hasta un coro y están organizando el Baile de Navidad, emulando uno de los ritos festivos que aparece en la saga.

–Yo no veo que Harry Potter sea un escape a la realidad. Más bien esto nos ha servido para replanteárnosla. La Comisión de Donaciones y Obras Benéficas acaba de entregarle a la Alcaldía un lote de libros para los niños de Las Minas de Baruta. El Círculo de lectores es nuestro lado informal, las actividades del Ejército de Dumbledore; la Fundación es nuestra parte seria. Nosotros nos estamos formando, la Fundación, por ejemplo, ya está registrada y a partir del año que viene vamos con todo a buscar patrocinantes –me insiste Pedro. Continúa:

–La gente se sorprende: ¡¿Uds. hacen todo eso solo por Harry Potter?! Nos ven como cultura pop, como algo efímero, como una canción de reguetón. Y no es así. La historia de los libros nos permite explorar la mitología medieval, hacernos preguntas de análisis literario. Yo he aprendido muchísimo con el Círculo.

De nuevo en El Marqués, Endrina Martínez y María José Contreras son las primeras de la larga fila y, a pesar de eso, no están disfrazadas. Recurro a ellas ahora cuando termino de escribir, convencido prácticamente de tomar mi túnica y unirme al movimiento. Ellas hablan como los antiguos. Son la voz de la conciencia y retumban en mis oídos con toda la resonancia con que el poder de la literatura reverbera en mi corazón.

–A nosotras esto nos parece súper cool, nos quedamos sorprendidas. Primera vez que lo vemos.

–¿Les llama la atención unirse?

Hacen una pausa, aguantan las carcajadas y responden:

–Tal vez… podría ser.

Explotan, no saben por qué se ríen, pero no se aguantan.

–Son como tan diferentes… tan originales. Tal vez sí, tal vez algún día nos uniríamos, aunque solo en la mente.

 

* Texto escrito durante el taller Por mis propios medios: Periodismo del Siglo XXI, y publicado en la revista Bala Fría, historias que resuelven.