La tradición oral rodea al centro de Caracas. Historias de túneles y bóvedas secretas, con siglos de existencia, permanecen todavía en el lado oculto del imaginario popular. No deja de sorprender e intrigar: una ciudad subterránea bajo el tumulto citadino.

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Pero todo es un mito. Al menos por ahora. Nadie, ninguna investigación llevada por arqueólogos, espeleólogos, geólogos o urbanistas, ha comprobado la existencia de estos supuestos túneles coloniales. Eso sí, ninguno ignora la prevalencia de los rumores.
Huidas políticas y secretos religiosos son los principales motivos que la imaginación urbana atribuye a estas construcciones. “Existe todo un imaginario, la historia de estas cavidades es tan interesante tanto por el fenómeno físico como por toda la mística que la rodea”, son las impresiones de George Amaís, un amante de la arqueología que durante varios años de su vida se dedicó a la exploración subterránea en diferentes puntos de Caracas. Y aunque llegó a conocer varios pozos y cavidades interesantes, nunca llegó a dar con ningún túnel, ni siquiera con el del famoso Cuartel San Carlos (cronológicamente, el más nuevo), donde tres de los principales líderes de la resistencia comunista venezolana -Guillermo García Ponce, Teodoro Petkoff y Pompeyo Márquez- huyeron en 1967. “En esa exploración tratamos de emplear métodos geofísicos para ubicar el trayecto del túnel. Pero no tuvimos suerte, quizás nos ubicamos donde no debíamos”.
Detrás de las más famosas fugas políticas, la figura del túnel se hace presente como la materialización de todo escape. Y el paso de los siglos parece no haber cambiado ese fenómeno. Guillermo Durán, cronista de Caracas, mantiene en su memoria uno de los primeros hechos que dio origen a la primera leyenda. En 1749 Juan Francisco de León encabezó una rebelión apoyada por el ayuntamiento en contra del monopolio que ejercía la compañía Guipuzcoana, tomando la Plaza Bolívar un 19 de abril –curiosa fecha- para conseguir la libertad económica. El gobernador Castellanos, rodeado, prometió hacer reformas. Pero lo que hizo en realidad, según la historia, fue huir a través de un túnel ubicado en la casa de la esquina del Colegio Santa Capilla (que en aquel entonces se llamaba esquina de San Sebastián), y que llevaba a la quebrada de Catuche, la principal fuente que abastecía a Caracas de agua potable por aquella época. “Por ahí se escurrió el gobernador Castellanos, y fue a parar a La Guaira, y cuando todo el mundo estaba preguntando por él, ya se encontraba en una vela en Altamar con rumbo a España para meterle el chisme a Su Majestad”.
Un siglo después daría luz a nuevos rumores, pero en este caso la controversia religiosa haría mantener el mito sólo entre los susurros de los fieles. No fue sino hasta la década de 1980 en que se volvería a hablar del enigma: un túnel que comunicaba al Monasterio de San Francisco con un convento de monjas. Durante las restauraciones del Palacio de las Academias (que era el antiguo monasterio, el primero de la ciudad), llevadas por el arqueólogo Mario Sanoja, se dice que se descubrió el pasadizo que comunicaba a las dos edificaciones (el convento fue demolido en 1874 y se ubicaba en lo que es hoy la sede de la Asamblea Nacional). Se dice, también, que en la exploración de ese pasadizo se encontraron restos de fetos humanos y todo un mundo escatológico que componía el cuadro de encuentros y hechos clandestinos que los miembros eclesiásticos celebraban resguardados en el submundo. Se dice… pero nunca se comprobó. Este “descubrimiento” terminó añadiéndole un nuevo escaño al mito originario. Probablemente las leyendas populares ameriten renovarse con los años.
Lo improbable y los hechos
Las historias que ha compuesto la narrativa urbana sobre los pasadizos subterráneos son infinitas. Ninguna ha sido comprobada, pero muchas parten de nichos y cavidades que sí han sido explorados. Rafael Carreño, Vicepresidente de la Sociedad Venezolana de Espeleología, hace un recuento de sus expediciones a través de esas ruinas que esconde el subsuelo de la ciudad: una cripta en la catedral de Caracas, una pequeña bóveda en el Teatro Municipal, los viejos túneles del tranvía, los del antiguo ferrocarril de Petare a Santa Lucía. Todos son, o pequeñas cavidades subterráneas que forman parte de una infraestructura específica, que no llevan a ningún camino, o viejos túneles abandonados, pero no secretos.
Las instalaciones del viejo tranvía, entre Caño Amarillo y El Silencio, pasaron a ser el refugio de indigentes y delincuentes. Por eso, muchos de estos túneles han sido tapiados, haciendo imposible su acceso.
Esos serían los verdaderos caminos que esconde Caracas. Viejas vías de transporte de un pasado industrial lejano, abandonadas por las nuevas tecnologías que impuso la modernidad.
Pero la idea de túneles secretos, de fuga o de lujuria, es para Carreño un hecho improbable: “es una obra muy difícil de ocultar, aparte, el reto físico de esa ingeniería improvisada que se ha tenido que practicar y de la notable inversión económica. Simplemente no era algo rentable”.
Descubrimientos de pozos verticales, como en la Villa Santa Inés en Caño Amarillo o la casa de la familia Mendoza en el boulevard del Panteón, también han originado la aparición de leyendas sobre pasadizos ocultos. Pero ninguna hipótesis ha sido comprobada. Tampoco abundan los estudios sobre el tema. Todo se queda en el folklore popular.
El Cuartel
De todas las historias de pasadizos, parece ser una de las más recientes. “La fuga del Cuartel San Carlos” es un libro escrito por uno de sus principales protagonistas, Guillermo García Ponce, y se relata con detalle cómo fue la planificación del famoso escape en complicidad con Nehemet Chagin Simón, “El árabe”. La construcción de un túnel clandestino es lo más increíble de todo el relato. La tarea llevó más de tres años, y su ejecución pasó a ser un hito en la historia de los escapes políticos del país.
Pero ante los aires de aventura, resulta un poco decepcionante ver el único registro que existe de ese túnel: una pequeña abertura de menos de un metro de longitud en el traspatio del Cuartel, con la inscripción: “Fuga de la dignidad /1973 / 23 Presos Políticos”.
Ni más ni menos. La exploración del camino completo que llevaría hacia el exterior del cuartel, justo donde queda actualmente la sede de los bomberos de la parroquia Altagracia, no se ha explorado. Los representantes de la Fundación Capitán de Navío Manuel Ponte Rodríguez, encargada actual de la administración del Cuartel, aseguran que ese camino fue tapiado por la Cuarta República.
Un informe escrito por Mariana Flores, antropóloga investigadora de Excavaciones Arqueológicas Consultores C.A., hace un recuento de las excavaciones realizadas en el año 2006 por el Instituto de Patrimonio Cultural del Ministerio del Poder Popular para la Cultura. Pero los resultados no arrojan el descubrimiento y la exploración del famoso túnel. La única evidencia es la reseña histórica escrita por sus propios autores.
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De existir al menos uno de estos caminos secretos que durante años se esconden en el submundo caraqueño, pruebas de un pasado colonial del siglo XVI o de un turbulento enfrentamiento armado en el siglo XX, no parece ser un tema de interés general para los pobladores capitalinos del siglo XXI. Quizás los habitantes ya se sienten perdidos dentro de las complicadas redes superficiales que tejen la ciudad, para intentar aventurarse a lo que se esconde debajo.
* Texto escrito durante el taller Por mis propios medios: Periodismo del Siglo XXI, y publicado en la revista Bala Fría, historias que resuelven.
One Comment
1 Johan K. Escribió:
googleando para contactar a guillermo durán caí acá mr. leo.
necesito entrevistarlo pa’ un breve documental del dr. knoche… tendrás su contacto? o el contacto de benjamín gáfaro para preguntarle a él?
abrazo.