
El brasileño André Cypriano capturó una serie de imágenes que derivarían en su primer libro con fotografías del Instituto Penal Cândido Mendes, también conocido como La Caldera del Diablo, y de sus presos. Ese trabajo lo hizo ocho meses antes de que la prisión desapareciera implotada. Estando ahí conoció a los líderes de la organización criminal Comando Vermelho, quienes lo invitaron a hacer otra serie sobre Rocinha, una de las favelas más grandes de Río de Janeiro: su segundo libro. Ya antes había trabajado en Indonesia, en las calles de Bali y al oeste de Sumatra. Después vino a Caracas y se internó en las venas de Petare y La Vega. Ahí fue la primera vez que vi una foto suya.
No hay más de quince o veinte personas a las que admiro porque sus trabajos van ligados a un respeto profundo por el ser humano; por la consistencia en sus ideas; porque traicionan poco su ética, sus conocimientos y su experiencia; porque son humildes y sensibles… Por ese tipo de tontadas. A algunas de esas quince o veinte personas las conozco poco, como a este retratista.
Cypriano siempre ha documentado estilos de vida y prácticas tradicionales de sociedades que viven al margen, en lugares de difícil acceso, buscando lo extraordinario y lo desconocido, algo que él llama “Dádiva da vida”. Aquí, en este mismo blog, pueden conseguir una semblanza que le hice y disfracé de crónica en 2006, desde su paradisíaca posada en Ilha Grande.
Ahora lo mejor: Hay un tercer libro. Y algo mejor aún: Llega con exposición. La muestra se llama Quilombolas y será inaugurada el próximo viernes 04 de diciembre en el Museo de Arte Contemporáneo, a las 7 p.m. (Antes de ir, pregunten por ahí, porque también me han dicho que es el jueves 03. Mismo lugar, misma hora).
Las quilombolas son asentamientos fundados hace más de 120 años por negros brasileños que huían de la esclavitud. En ellos se mantienenen costumbres, artes y hasta lenguajes extinguidos en otras regiones, incluso en el mismo continente africano. Cypriano tomó casi tres mil fotos en diez de esas comunidades de distintos estados brasileños, y junto al geógrafo y ambientalista Rafael Sanzio Araújo dos Anjos, a cargo de la investigación y los textos, armó el libro y la selección de 40 imágenes para la muestra.
De salida dejo este comentario del propio fotógrafo, en una entrevista que le hizo Página 12 en marzo de este año, con motivo del mismo trabajo: “Las comunidades que tenían menos recursos, en las que no había electricidad, son las que me parecieron más felices. Increíble. Pero en las vidas más simples, donde no están muy preocupados por las ganancias, encontré menos competición y más armonía. Cuando me fui de una, luego de hacer las fotos, los postes de electricidad ya estaban en la puerta de entrada, y yo decía: ‘Esto se va acabar, porque van a asistir a las noticias nacionales, a las novelas, van a mirar televisión’. Cuando fui la siguiente vez, las hijas ya estaban con ‘la danza de la garrafa’, que es muy sexy y extravagante y estaba de moda en la TV. La esclavitud duró cuatro siglos y acabó hace poco más de cien años: tenemos una deuda con los afrodescendientes. Nada mejor que empezar por la raíz de la cosa, y las quilombolas son eso. Todos los beneficios y los estudios tienen que llegar, pero preservando la cultura y sus derechos”.

2 Comments
1 Johan K. Escribió:
Suena increíble. ¿Dónde se pueden ver sus fotos de Petare y La Vega?
Y comparto lo del pana, ahora que estuve en el Delta y visité distintas comunidades, las que parecían más felices eran las que no tenían electricidad. Libre de reggaeton, cágate.
2 Leo Felipe Escribió:
Haz clic en las negritas y caes a su página. El tipo estará dando una charla en la ONG. No tengo los datos exactos, pero me parece que será el jueves a las 2 pm. Abrazo, Johan K. Gracias por pasar y seguir comentando.