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La red de Librerías Nacho quiere vender libros, y nosotros, los autores que aceptamos entrevistas de casi cualquier talante por el canal que sea, queremos que nos lean. ¿Se genera a partir de Internet un nuevo tipo de lectores, con características distintas a los lectores de hace ciento veinte o cincuenta años? ¿Debe, quien escribe, olvidarse de eso y centrarse únicamente en construir durante décadas su obra? ¿De qué hablamos, ahora, cuando hablamos de literatura para las masas? ¿Son las abreviaciones de Kafka, Chéjov, Borges, Fitzgerald y Onetti que se consiguen en la web, como una mancha que se desprende de otra mancha más moderna, llamada unas veces Palahniuk, otras veces Foster Wallace, otras Roberto Bolaño, o Ricardo Piglia, o Agustín Fernández Mallo, o Iván Thays, o también Orhan Pamuk, dependiendo de dónde nos queramos ubicar? ¿Y esta mancha, globalizada y atomizada, millonetizada en clics, es apenas una sombra, una media sonrisa, de los Tolkien, Brown, Stephen King, J.K. Rowling, Stephenie Meyer & cia? ¿Cuál es el espacio, y de tenerlo, el sentido que debe tener ese espacio del autor en su obra?

No son estas las preguntas de la amigable entrevista que nos hizo Iván Niño a Lucas García y a mí para el blog de la red de Librerías Nacho, pero es lo que pienso, o en lo que he estado pensando, luego de releer nuestras respuestas. Copio acá solo algunas para que el resto las busquen en el propio blog de Nacho, y reitero la invitación a quienes viven en Caracas y puedan acercarse, al encuentro que tendremos con los profesores Miguel Marcotrigiano y Luis Alfredo Álvarez en la UCAB, este mismo miércoles a las 3 pm, en la Sala de Usos Múltiples del Edif. Cincuentenario de la UCAB.

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LN.- Entre el libro Sexo en mi pueblo y Payback se podría plantear la diatriba Pueblo o Ciudad ¿Cuál prefieres tú? ¿Lucas, te mudarías a un pueblo? ¿Leo, regresarías al pueblo?

L.G: Mi referente personal de pueblo es muy cliché, muy de citadino. El pueblo de mi mente es a veces un Puerto exótico de telenovela brasileña, un pueblo fronterizo de western, un páramo de esos de “adorables muchachitos andinos”. Además soy muy conejo. No duraría media semana viviendo en un pueblo, sería la papita de la comunidad.

LFC: No sé si una diatriba, pero está claro que el marco de las historias en uno y otro libro es opuesto y define la ficción que se cuenta. Yo prefiero el manejo veloz y liviano  que hace Lucas de su imaginario violento y cínico en una ciudad que se puede transformar en un set de filmación y viceversa. Por otro lado, la única manera de regresar a mi pueblo es también regresando a mi pubertad y a mis sueños adolescentes.

L.N.- Leo, sin duda no la tienes facil al escribir ficción en un país en que la realidad le da palos a la ficción y no deja de sorprendernos,  por ejemplo, la edad de iniciación sexual en nuestro país ha descendido dramáticamente y se ha colocado incluso por debajo de los 13 años, ¿cual sería la última cachetada de realidad que te haya sorprendido y puedas mencionarnos?

LFC: Trabajando en periodismo y consumiendo crónicas y reportajes por Internet: en La Nación, La Jornada, El País o The New York Times, por ejemplo, mientras trato de escapar de la infofrenia colectiva que existe en Venezuela, me doy cuenta de lo contradictorios que somos en Occidente, y de cómo el absurdo plagió a la realidad en algún momento para darle un nombre propio, aunque distinto, y de alguna forma disfrazarla. Aceptar y asumir esa locura, que da paso a la parodia, a la comedia o a la tragedia, implica un nivel de escepticismo que evita sorpresas desagradables o cachetadas inesperadas. Con respecto a la sexualidad, dudo que haya algo que pueda sorprenderme.

L.N.- Hoy, más que nunca, se editan autores venezolanos, las editoriales nacionales y trasnacionales asumen riesgos e invierten en ustedes, en la nueva generación de escritores, Punto Cero es un ejemplo, pero también Random-House, Santillana y Ediciones B, se han dado a la tarea de hacerlo, ¿creen qué es un buen momento para la ficción escrita en nuestro país?

L.G: Sí lo es. Creo también que los procesos que vivimos como nación, en el aspecto de que estamos reflexionando sobre lo que somos, sobre lo que hemos sido y queremos ser, tienen ese reflejo en la literatura. En la ficción como un espejo en el que revisarse. También creo que es un buen momento para releer, para volver atrás y ver lo que se hizo antes de nosotros, lo que nos precede y en cierta manera nos posibilita.

LFC: ¿La verdad? No sé a qué se deba eso. Pero en todo caso, creo que si bien ambos deberíamos pensar en pasar a la historia, los que escribimos tenemos que pensar en la literatura y los que editan en el mercado.

L.N.- Soy de los lectores que creen que el ritmo de una lectura puede variar mucho el resultado, la percepción, la experiencia que se tiene  al leer un libro, en ese sentido, si coinciden conmigo me gustaría saber ¿Cuál es el soundtrack de Payback? ¿Cuál es el soundtrack de Sexo en mi pueblo? ¿Con qué música recomendarías ambientar su lectura?

L.G: El soundtrack de Payback tendría música de Curtis Mayfied, James Brown, Stevie Wonder, Héctor Lavoe, Ismael Rivera, Ricky Rey y Bobby Cruz.

LFC: Salsa erótica, y perdona la obviedad.

L.N.- En mi opinión, ustedes están haciendo literatura para las masas, la temática de sus libros y la forma de tratarlos, no deja dudas de eso, pero se me ocurre plantearles una inquietud que siempre he tenido, surgió de mis lecturas de Bukowski, pues siempre me pregunté si ¿alguna vez esos borrachos y perdedores de toda especie que pululan en sus libros alguna vez fueron sus lectores? ¿Leo, tu crees que esos chamitos de pueblo hastiados del no hacer nada, lleguen a ser tus lectores? ¿Lucas, tu crees que algún malandro leerá tu libro?

L.G: No lo sé. Sería interesante poner a leer Payback a un malandro pero estoy seguro de que diría que es una gallada.

LFC: Sí, creo que algunos de ellos leerán si no mi libro, ficciones que los reflejen o los distorsionen, y que se parezcan a esa esencia a veces taciturna y calurosa, pero también violenta, encantadora y profundamente pervertida de los pueblos, donde el ocio juega un papel fundamental.