
A JJ y al bueno de Adín
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La música es intermitente y también es la intemperie cuando el sol se pone, que es casi siempre en la semana que llevo caminando por algunas zonas de La Habana. Su malecón entero, sus 17 y 21 y 23; su G y su J; su O y sus calles de títulos nobles y personas recostadas de las barandas de sus balcones, San Lázaro, Infanta, bicicletas y taxis por puesto; su centro y ese lado viejo, más arrugado y turístico; su Marianao en dos guaguas dobles, autobuses con panza de acordeón y mucha gente, conversando; su Parque Central de costado típico con José Martí otra vez al centro; el esplendor extraviado en sueños que se diluyeron con el hambre, las injusticias y el tiempo.
La Habana tiene el brillo del óxido y la sonrisa salada. Se puede fumar en todos lados y cada uno busca sombra. Cuando pasa una pareja de extranjeros, que se multiplican como moscas, los ojos de los cubanos parecen navegar de un lado al otro, constantemente, y entonces pienso que todos han sido marineros, o que lo serán algún día.
Es la ciudad que mira perdida el horizonte con la cabeza puesta en sus recuerdos, se mueve y se mueve bien, con tantas vidas, y baila despacio hasta que llega el silencio y se instala. No es así, La Habana, como una pregunta, sino como un desespero, un arrebato, una travesura que moja sus costumbres en la transparencia del ron blanco, mientras vive su olvido con el rumor de las olas al fondo.
Si La Habana no tiene dinero porque se lo han quitado a pulso, la dignidad de sus próceres y la resistencia de sus piedras y sus brazos enormes, ancianos y fibrosos, abrazan la posibilidad de una contradicción que impresiona: La alegría triste.
Por ejemplo, la ciudad se rinde a la milanesa de cerdo entre dos panes viudos, y al pescado que envuelve una lonja de jamón y otra de queso, pero hace rato que olvidó el bistec de res por temor a perder la leche, porque en Cuba, según me dicen, uno de los logros es que todos los niños tienen asegurada un porción de leche hasta los siete años. La Habana habla de lo que fue o de lo que puede ser, pero pocas veces de lo que es, su risa es de un escapismo elocuente, su calma es notoria. Se entrega con resignación y estoicismo al lugar común que los turistas le reservan, la reivindicación de lo auténtico como un arma en forma de postal: Un fresco-noche de paladares rubio-Europa con flashes fotográficos en la casa del negro empulserado, hombre amable, a punto de devorar en una sentada lo que la mayoría de sus ciudadanos sueña desde hace unas décadas que, más que en años, se miden en fe. Hay que agregar que en este lugar los dueños de casa comen de pie.
En la pelea estelar de boxeo del imaginario mundial, que no termina, La Habana asume el espacio del cerebro retador, la posición del David sin piedras, la palma de la mano abierta y desguantada para decirle al extranjero, aquí hace falta solo un poco de lo que a usted le sobra, pero nosotros, que nadie lo dude, vamos a ganar.
He visto a miles de personas acá, aunque he conocido a pocas. Todas con la que hablé por más de dos o tres horas continuas, o cuatro o cinco días espaciados, tienen la virtud tatuada, son respetuosos y encantadores, muy inteligentes. La calle está ganada para la gente y ellos no parecen notarlo, andan por ahí, resolviendo sus días como pueden.
La Habana, más segura que las otras capitales que he conocido en el resto del continente, es un calidoscopio de sustantivos enfrentados, una ráfaga necesaria de respuestas imposibles, es el calor pasmoso, el pasado que nunca pasa, la soledad que regala la fama, y la ruina, o los escombros. Es un lamento cantado con sabor. Un vestido hermoso traspasado por la luz al que le sobran las costuras. No he tenido tiempo todavía de verla con el pecho descubierto, dejando caer su ropa al piso, y tampoco lo he buscado, pero la he estado mirando con atención, lo más cerca que he podido, y ahora que lo pienso estoy seguro de algo: hubiese preferido encontrármela desnuda.

12 Comments
1 Elaine Escribió:
Me encantó, no sé qué más decir. Creo que es uno de los pocos post largos que he leído en los últimos tiempos… y quizás el que más corto me ha precido…
2 braulio Escribió:
Vivela, tomala, untate de su aroma… Embajador de paisaje…
3 androsval Escribió:
“La Habana habla de lo que fue o de lo que puede ser, pero pocas veces de lo que es, su risa es de un escapismo elocuente,” Como tu descripción, pana… seguro hay algo que nos espera y que nunca se ha dicho más allá del malecón… buen viaje, viejito…
4 Luz Escribió:
Bello, Leíto, como siempre. Qué bueno no esperar tu regreso para ir conociendo tus impresiones de la ciudad que algún día quiero conocer.
5 ir a la n Escribió:
la habana es para mí sitio ciertamente seguro, y seguro fue para mí no encontrar servilletas en ningún restaurante, comer pizza servida en un cartón cortado a mano, comer pan con tomate en vez de queso y ver a quien fue el primer hombre con quien hice cebo bañarse en interiores con una poncherita. Y su familia estaba “bien” para él. Más sus amigos que vivían en casas donde se construyeron 2dos pisos donde cabe solo 1 , pisos hechos con caucho. La parodia de la libertad sin libertad, vendidos al turismo y a hoteles que en su momento ninguno era cubano. Supongo que mi redacción tiene ese tono de “comunism is just a disguised dictadure”…. “la pelea estelar de boxeo imaginario mundial” … me dan ganas de decir groserías.
6 Vinz Escribió:
Excelente entrada. Es refrescante encontrar textos bien pensados, bien escritos, llenos de metáforas y colores. Hoy en día, con la blogósfera tomada por el facilismo y el inmediatismo de la noticia caliente (me incluyo), celebro la oportunidad de leer a alguien escribiendo de verdad.
Sobre el tema… Prefiero no entrar en polémicas. Tengo una casi-familia en la Habana que me mostró el lado oscuro de la cosa, lo que queda “vedado” a los turistas que no logran traspasar la ilusión de la pantalla verde llena de animaciones que parecen colocar constantemente frente a los extranjeros.
Pero insisto, ese es otro tema, prefiero no entrar en polémicas, tampoco es que pueda contribuir nada original aparte de la convicción personal de haber podido vivir la cosa, fenomenológicamente, desde adentro.
Saludos y gracias por el post.
7 Liris Escribió:
“Habana a tus pies, no sabría cómo amarte de otra forma”, sentenció Fito. Y tras leerte, Leíto, ya no tengo dudas: la Habana es ése amante q sin necesidad de luces estroboscópicas, te enamora hasta el fondo con su desnuda honestidad… que no es otra que la de uno, la de cualquiera, cuando ya no queda nadie más q uno mismo en la casa. Y aunque se tiende a relacionar humildad con pobreza (hacinamiento, escasez, tristeza, podredumbre, “miedo de caer tan bajo”) nada de eso y todo eso entraña el alma. Quizás acostumbrados a ver con los ojos, nos sigue engañando la apariencia de las cosas. Por eso (aunque no me gusta la foto) te agradezco este homenaje a mi amada ciudad honesta, no desnuda. Humilde, no pobre. Nostálgica, no triste.
(besito)
8 Sofía Escribió:
Sea como sea: vestida o desnuda, alegremente triste, totalmente digna, con gente muy inteligente y original en su día a día, con menús escasos para algunos, con deliciosos helados de Coppelia para otros, con su infinito malecón, música de fondo siempre, guaguas repletas, cocotaxis, cero vallas publicitarias en su paisaje, Tropicola, el hermoso Vedado, el caballero de Paris con su mano extendida, los “paladares” demasiado solidarios aunque sin servilletas, el mojito, el Internet lento o clandestino, etc, etc, etc… La sensación que me dejó La Habana es que simplemente es otro mundo, quizás aislado, quizás paralelo; pero en fin, me alegra que exista
9 Leidys Escribió:
Impresiones, verdades, la realidad, algo que miles de cubanos, aunque quisieran no pudieran escribir. Ni siquiera sé si yo misma pudiera escribir así de ella, pero es una invitación muy buena, saludos.
10 Yurisander Guevara Escribió:
Muy buenas impresiones de La Habana. Sin dudas su post descubre una parte de esta ciudad infinita, que cada noche acompaña el sueño de millones de isleños, aún si están en órbita alrededor de la Tierra.
11 Leo Felipe Escribió:
Gracias a todos por sus comentarios, en especial a los cubanos Elaine, Leidys y Yurisander, quienes se toman el tiempo de compartir con un extranjero, impresiones sobre su día a día. No es que me parezca algo del otro mundo, sino que supongo que uno de los precios que debe pagar el cubano por nacer es argumentar diariamente ante los extraños aquello en lo que cree. Y eso debe ser agotador. Sobre La Habana, aún no logro asimilar lo que vi y sentí, y no sé si llegue a hacerlo, pero sea como sea, estoy seguro de que sus ciudadanos –estén a favor o en contra de su sistema de gobierno– merecen muchísimo más de lo que tienen.
12 lepapillon Escribió:
me encantas