Texto publicado en la web de Los Superdemokraticos, experimento que reúne a 15 escritores de América Latina y 5 de Alemania para reflexionar sobre algunos tópicos a destajo, para que los alemanes tengan algo que hacer luego de su eliminación en el mundial, para que nos conozcan más y quizás mejor, para que podamos explorar las posibilidades de estos medios digitales que son cada vez menos nuevos, y que nos encuentran con mayor velocidad.

En mi país lo primero que aprendes sobre la historia es que tiene un nombre: Simón. Y un apellido: Bolívar. Yo nací en el estado que lleva ese apellido por nombre. Lo supe como a los seis o siete años, pero no era algo importante. Hasta entonces, más que Venezuela importaban la idea de la navidad y los regalos, daba igual si eran traídos por un gordo con trineo y uniforme rojo, un niño llamado Jesús o tres reyes magos, uno de ellos negro. Punto para la iglesia católica, y también para la Coca Cola.
Así: la historia –piratas e indios de por medio– se medía en juegos y celebraciones, olía a tradición y venía acompañada por los relatos y abreviaciones de la tele. Como años más tarde estudié comunicación social y me especialicé en el área audiovisual, ahora vivo convencido de que toda historia que aparezca en la tele ha sido producida por una pareja que conforman un histérico y un mariguanero o sus derivados. Ellos me contaron –nos contaron, a todos– nuestras primeras historias, incluyendo además: las patrias.
En el colegio había que cantar el himno nacional. Hasta dos veces, a veces. Y un día a la semana, si mal no recuerdo, durante tres horas, repasábamos conceptos enciclopédicos sobre las grandes batallas, los gestos definitivos y las aguas que partían el tiempo. De entonces es poco lo que registro en mi cerebro. Fechas sí, algunas. Extrañamente, las cifras eran la pasión de la materia con los párrafos más densos.
Fuera de los 1492, 1783 y 1958, aprendí desde pequeño que uno de los días más importantes en la historia de mi país fue el 19 de abril de 1810, un jueves santo. Sobre todo, por varios datos curiosos. El primero: el último Capitán General de Venezuela, Vicente de Emparan, luego de jornadas intensas en torno a presiones internas y externas y a las posibilidades reales que tenía de preservar el poder, salió al balcón del cabildo en Caracas y le preguntó a una muchedumbre si estaban contentos con su mandato, si lo querían, con decisión pero nervioso, apretando los dientes y rezando en silencio. La apuesta del todo o nada, entre bravucona y desapegada.
Aquí viene el segundo dato: la gente, que andaría de procesión en la Plaza Mayor, desfilando sus ropas nuevas o bebiendo aguardiente, no se dio por enterada o no se atrevió a desafiar al gobernante por un delirio disfrazado de referéndum, hasta que un cura, un presbítero, un canónigo, un masón según los masones, doctor en teología, llamado José Cortés Madariaga, se ocultó detrás del Capitán General, cerró su puño, levantó travieso el índice y con una media sonrisa, comenzó a mover la mano hacia los lados, cual productor televisivo que muestra un cartel antes de ir a los cortes comerciales, para que el público dijera que no.
Y el público dijo que no, dicen los libros de historia. Tercer dato.
¿El cuarto? A Vicente de Emparan, que no estaba al tanto de que Madariaga casi le pellizcaba el fundillo, se le salió el orgullo y gritó bien fuerte “pues yo tampoco quiero mando”.
Carajo, otra vez, punto para la iglesia católica.
Ese fue el primer paso para la independencia de Venezuela y de ahí surge el verso del himno nacional que le grita al resto de las provincias y después a la América toda: “seguid el ejemplo que Caracas dio”. Y se repite. Así: “se-guid el e-jem-plooo, que Ca-ra-cas diooo”. Es lo que me han dicho hasta hoy.
No sé qué les parece a ustedes, pero que un complejo golpe de estado liderado por los mantuanos para establecer una nueva Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII y redactar un acta en la cual se consignara la instauración inmediata de un nuevo gobierno, sea resuelta porque el pueblo le hace caso a un cura que se oculta detrás de un militar, a mí me genera suspicacias. Sobre todo en torno al futuro, que es nuestro presente.
Quiero decir, no es que no crea en esa historia. Es lo contrario: no me cuesta creerla. Además, ¿dónde estaba Bolívar? Simón. Nuestro Simón Bolívar, el padre de la patria, que apenas tendría 26 años.
Según leo, confinado en una hacienda, enviado por el propio Emparan, quien un año antes lo había designado Teniente Justicia Mayor del pueblo de Yare. Lo que sea que eso signifique, suena a cargo medio. O a rango menor. Perdonen mi ignorancia, pero el caraqueño-ilustre-americano no estaba en Caracas cuando se dio el primer paso para lograr la independencia, punto. Aunque después fuera nombrado coronel por la junta recién instaurada, que además le asignó importantes tareas en el extranjero.
Los decretos y cartas y discursos memorables y las batallas que yo debí memorizar para aprobar mis exámenes con calificaciones poco más que mediocres, vinieron más tarde, pero nada como aquél dedito de Madariaga escondido, resolviendo el destino en una salida traviesa, para hacerme creer que la historia se construye de pequeñas cosas y que nadie, ni siquiera Bolívar, resulta indispensable para torcerle el rumbo.
* * *
Acá puede ver el texto en alemán, en caso de que me quiera dejar un comentario incomprensible.
10 Comments
1 sara carolina diaz Escribió:
Travieso tú… Nunca me había preguntado dónde estaba Bolívar ese día. A los que rinden el culto patrio bolivariano, el de antes (menos el de ahora) no les conviene difundir que esa vez el héroe no fue protagonista.Tienes razón, los x también cambian la historia. Un beso Leo, hace tiempo que no se te ve…
2 Claudia Escribió:
Muy bueno chamo. Interesante punto de vista de uno de los hechos más importantes de nuestra historia. Personalmente no comulgo con la enseñanza que nos dieron a todos desde pequeños de que Bolívar fue casi un “semi-Dios”, un hombre perfecto. Bolívar fue un hombre de carne y hueso como todos lo somos, y tenía muchas virtudes pero también tenía sus defectos. Nos liberó de los españoles y también liberó y ayudó a liberar a otros países sudamericanos, pero no lo hizo solo. Contó con la ayuda de otros grandes patriotas y con la del pueblo venezolano.
Estoy hastiada del culto al caudillo que caracteriza al pueblo venezolano. Creo que por eso tenemos a Chavez de presidente, y hasta que no aparezca un nuevo “caudillo” popular, creo que Chavez seguirá ganando las elecciones. Lamentablemente.
3 Liris Escribió:
Si algo resulta hoy día maravilloso, querido Leo – que leo-, es que pareciera que pasamos, al fin, a otra etapa. Digo, del discurso bolivariano de exaltación al tipo congelado en un cuadro en todos los salones de clase (el mismo que poco o nada conmovía en uno si uno no era educado militarmente). De allí, a la necesidad de conocer-reconocer-deconstruir su figura, para desmitificar la figura del Don tildado Libertador de varias provincias, quien tampoco o tan nada nos decía en términos de patria, ideologías o personas naturales que pelean por el alto precio de la comida. Es decir, germanizando lo q quiero decir, me resulta maravilloso 1) que pasamos a otra etapa del discurso heroico (cualquiera que sea esa “etapa”), y 2) que intentemos a diario comprender, y ello pasa por la desmitificación, a ese ser que de una u otra forma estuvo presente en nuestras aulas de formación como un espectro, ni más ni menos. Haya sido, pues, en tu estado con nombre homónimo al susodicho, o en mi ciudad “ejemplar” con su mito de Emparan sobreviviendo en una plaza de El Paraíso, lo muy interesante hoy día Leíto es que al fin creo que estamos hablando de lo mismo (Bolívar, las luchas libertadoras y de independencia, el heroísmo vs. el ser “sin atributos”…) y aún así, estamos también hablando de otra cosa. Algo que no sabemos aún, que se transforma impredecible frente a nuestros ojos y almas y miedos. Pudiera pensarse que ese sentimiento es lo “nuevo”, si no somos tan escépticos y desencantados, y q a diferencia de Europa hoy día, nosostros plantamos pie de guerra al Fondo monetario que sigue arruinando el mundo – y ahora comenzó por allá, por la querida Grecia-. En eso hasta parecemos atrevidos, pero ¿puede un latinoamericano serlo? mmmm…suena peligroso. Pero recuerda a la nueva literatura latinoamericana cuando surgió Cortázar y Borges y…renovó el lenguaje hasta entonces muerto en la madre patria. Pero con tu artículo, sentí la inminencia -en las tripas- de exaltar esta pequeñez de estar revisando nuestros mitos. Y claro que espero que esto evolucione, y no quedemos atrapados en sombras y reflejos, porque me ilusiona saber que incluso con respecto a VER las cosas, nosotros latinoamericanos también estamos en otra fase. Confusa, angustiosa, sin referencias, pero nuestra. Pero dankechen por hacerles llegar un pedacito de nuestra confusión a los -lejanos- alemanes, quizás los despierte de su sueño imperial. Eso si: Achtung! con sus respuestas… Beso. (disculpa lo extenso)
4 Leo Felipe Escribió:
Sarita, de alguna manera, los x siempre lo hacemos. Gracias. Beso.
Chama Claudia, que la alumna más aventajada de su clase, que era la mía, entre a comentar, para mí es un halago. No creo que Chávez nos gobierne solamente porque nos gusten los caudillos. El tema es complejo. Tampoco quiero jugar al historiador y sociólogo que no soy, por miedo a meter la pata, pero por favor, sigue pasando y opinando todas las veces que quieras. Un abrazo.
Liris, las otras etapas no necesariamente son maravillosas, al menos para mí. Hablar de lo mismo hablando de otra cosa puede ser un avance, pero yo pienso cada vez más en la alegría, la calma y la despreocupación, y ante eso, la pqueñez sigue siendo pequeña y la evolución de la que hablas exige más seguridad, comunicón y equilibrio, y menos dialéctica.
5 Maito Escribió:
Ich liebe dicht
6 batzmaruna Escribió:
Simplemente Genial, pero le has develado el misterio de la TV a muchos… un besoooote
7 Liris Escribió:
De acuerdo; es duro el día a día; tantas veces provoca salir corriendo. Me consuelo pensando cómo hubiera sido vivir durante la 2da guerra mundial… y tampoco es consuelo porq debo pagar un alquiler carísimo. Pero lo peor es q ni siquiera hay dialéctica…y de haberla, habrá q esperar q no sea pura retórica.
8 Liris Escribió:
De acuerdo; es duro el día a día; tantas veces provoca salir corriendo. Me consuelo pensando cómo hubiera sido vivir durante la 2da guerra mundial… y tampoco es consuelo porq debo pagar un alquiler carísimo. Pero lo peor es q ni siquiera aún hay dialéctica, así q hasta has sido un poco optimista y todo. Para sorpresa tuya, seguro. Aufwiedersen!
9 Lourdes Escribió:
Me “late” que es mejor estar del lado de la Iglesia
Saludos
10 Rafael Marín Escribió:
Muy Bueno Leo, excelente. Ratifico el Feliz Cumpleaños para ti. saludos