Hace tres años escribí una serie de relatos sobre el sexo en los pueblos, lo hice estimulado por la pornográfica iniciativa de Jorge Sayegh, que suele hacer todo de manera inconciente. Nunca pretendí publicar ese material, su extensión era de 30 o 40 páginas, pero envié los cuentos a algunos amigos vía correo electrónico y, para mi regocijo, cuatro de ellos, tres hombres y una mujer, me respondieron diciendo que se habían excitado mientras leían; incluso uno llegó a confesarme que sufrió (o sintió, o disfrutó, no permití que alcanzara el detalle) una erección incómoda frente a su laptop en la sala de espera de un aeropuerto.

Desde el comentario sobre la erección en tránsito hasta hoy, esos relatos engordaron un poco, se ejercitaron, follaron y coquetearon. Siempre con desfachatez. Marc Caellas, mi amigo el catalán errante, los había leído por aquél correo y se los presentó a Ulises Milla, un buen tipo, un editor que se arriesga. Ulises –¿quién es perfecto?– me invitó a publicar esos cuentos en un libro, bajo el respaldo de un sello editorial que iba a lanzar más temprano que tarde. Yo me reí, por supuesto, no creí que la idea se concretara, ya con la propuesta era un halago y un halago a veces es suficiente. Pero fluyó y para devolver la moneda, el encargado de presentar el libro con un extraño prólogo, debía ser y fue, ¿quién si no?, el propio Marc.

Faltaba la portada. La portada es importante, te dicen los expertos en marketing librero. Y yo conozco a una que es muy buena, que está obsesionada con el cuerpo y la ropa, con sus formas, con el desnudo y su circunstancia en el detalle. Se llama Zulay Silva y le pedí que por favor me permitiera usar una fotografía suya para la tapa de mi librito porno de 80 páginas.

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Ahí está.

El bautizo será el próximo viernes 02 de octubre en la Terraza del Nuevo Mercado de Chacao, a partir de las 7:30 pm.

Asistan y llévense unos churupos, para que compren mi librito y me inviten unos tercios al salir. Si continuara la forma de plantear mis autopromociones en  textos anteriores, aquí me toca escribir que lo hagan por Marc, por Ulises, por Zulay. Pues no, pero tampoco voy a decir que lo hagan por mí, sino por aquél amigo que tuvo una erección pasajera antes de abordar su avión.

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Pd.- La verdad-verdaíta, yo compraría cualquiera de los otros tres títulos que serán bautizados en el lanzamiento de Puntocero: un libro de cuentos de Lucas García, a quien apenas he visto un par de veces y sobre cuyos textos me han hablado maravillas. El reportaje sobre la realidad de las cárceles en Venezuela, de Patricia Clarembaux, a quien no conozco (pero por lo que me dejaron leer y también por la foto, ya me estoy presentando), que se llama ‘A ese infierno no vuelvo’. Y quizá, porque el tema me parece curioso, Globotomía, del uruguayo Aramís Latchinian: un ensayo que casi se burla de los argumentos apocalípticos que ubican al hombre como el responsable del fin del planeta.